Eric llevaba horas sin moverse del mismo banco del pasillo de la UCI cuando oyó pasos que no reconoció de inmediato.
Alzó la cabeza por inercia, sin verdadera expectativa, y tardó un segundo en entender por qué aquel rostro le resultaba tan familiar y al mismo tiempo tan fuera de lugar allí, entre médicos cansados y familiares con ojeras profundas.
Aria estaba de pie a pocos metros, con una mochila colgada del hombro y el abrigo todavía puesto, como si no hubiera sido capaz de detenerse ni un s