La sala de interrogatorios quedó muda después de que Rivas salió, como si la habitación hubiera absorbido el impacto de las fotografías. El aire se volvió espeso, casi asfixiante. Adriana seguía mirando la imagen sobre la mesa. Su silueta (o algo que la imitaba) captada por una cámara de mala calidad.Era ella.Podía ser ella.Pero no lo era y sin embargo, el mundo entero estaba listo para creerlo.Carlos, de pie junto a ella, no sabía cómo respirar.—Eso no soy yo —repitió Adriana, despacio, más como un mantra que como una defensa.Carlos tragó saliva, sabía que era cierto, lo sentía, lo conocía desde un lugar que no tenía lógica policial, solo emocional y aun así… el caso, las pruebas, el sistema, la evidencia… todo apuntaba hacia ella.—Lo sé —dijo finalmente, con un hilo de voz.Adriana levantó la mirada.Carlos sintió ese golpe directo al pecho: miedo, dolor, amor, culpa, rabia, todo junto.—Lo sé —repitió él, esta vez con más fuerza— No eres tú...Ella exhaló un aire que llevab
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