Travis dio media vuelta y salió de la sala sin mirar atrás. Su paso era firme, casi violento, como si cada movimiento cargara el peso de años de dolor contenido. Liam lo observó alejarse, y su primer impulso fue correr tras él, detenerlo, explicarle, no dejar que se fuera así… pero sus piernas no reaccionaron.Se quedó clavado en el suelo, luchando contra el torbellino de emociones que lo atravesaban: culpa, orgullo, rabia, miedo.Antes de que pudiera reaccionar, Amara ya corría hacia la puerta. Su respiración estaba agitada, no solo por la carrera, sino por el miedo de perder para siempre a un hombre al que consideraba como un padre.—¡Padrino! —gritó al salir.Travis se detuvo. Cerró los ojos por un instante, como si dudara en darse la vuelta. Finalmente, giró para mirarla. Y su expresión, aunque dura, dejaba entrever una tristeza profunda.—Amara… —murmuró, con una voz que revelaba su cansancio—. Lo siento. Te quiero, te vi crecer, pero…No terminó la frase. Quizá no quería herirla
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