El silencio en la habitación de Zeynep era pesado, casi asfixiante. Se encontraba frente al espejo, contemplando un reflejo que apenas reconocía: una mujer que, a pesar de su elegancia, se sentía como un castillo de naipes a punto de desplomarse. Su mente viajaba miles de kilómetros, hacia donde se encontraba Kerim. "Amor, regresa pronto... te extraño tanto", susurró para sí misma, ignorando el vacío en su pecho que la verdad, ahora compartida con Baruk, no había logrado llenar del todo.El sonido del teléfono rompió el encanto. Un número desconocido en la pantalla. Zeynep sintió un espasmo en el estómago antes de contestar.—¿Qué es lo que quieres? —dijo ella, con la voz firme pero cargada de desprecio—. Ya te dije que no me llames nunca más, Carlos.Del otro lado, una risa seca, desprovista de cualquier rastro de humanidad, le respondió. —Te equivocas, Zeynep. No olvides que estoy en esta situación por tu culpa. No sé qué le dijiste a Ariel para que me traicionara, pero escúchame bi
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