El motor del coche se detuvo, dejando tras de sí un silencio que se sentía cargado de expectativas. Adrián estacionó en su lugar reservado, el mismo sitio donde tantas veces Valeria había bajado apresurada para no ser vista, escondiendo su identidad tras una carpeta y un paso rápido. Pero hoy, el aire en el estacionamiento de Vega Corp era distinto.Adrián se soltó el cinturón de seguridad y se giró hacia ella. Valeria estaba allí, sentada a su lado, luciendo un traje que exhalaba una elegancia sobria. Sus manos descansaban sobre su regazo, apretadas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.—¿Estás bien? —preguntó Adrián con una voz suave, despojada de toda frialdad.Valeria asintió lentamente. Su corazón golpeaba contra sus costillas como un pájaro enjaulado. Estaba nerviosa, invadida por una timidez que luchaba contra su sentido del deber. Sabía que, al cruzar esa puerta, ya no habría vuelta atrás; el mundo entero los miraría, los juzgaría y, por primera vez, verían a la m
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