Un murmullo de voces masculinas empezó a abrirse paso en la cabeza de Margaret, como si varias voces hablaran al mismo tiempo desde muy lejos. Sentía la lengua pesada y la garganta seca. Intentó moverse, pero un dolor sordo le recorrió el cuerpo, obligándola a quedarse quieta unos segundos más.Tomó una bocanada de aire y, con esfuerzo, abrió los ojos.La luz del lugar era tenue, amarillenta. Frente a ella, a pocos metros, tres hombres discutían en voz baja, pero lo suficientemente fuerte como para que sus palabras retumbaran en su cabeza aún adormecida.—¡Maldita sea! —la voz de Adrien fue la primera que logró reconocer—. ¿Cómo pudiste ser tan imbécil y haberla golpeado tan fuerte?Margaret parpadeó varias veces, tratando de enfocar la vista. La silueta de Adrien se volvió más nítida con cada segundo que pasaba. Estaba de pie, de espaldas a ella, con los hombros tensos y los puños apretados, mientras uno de sus hombres, cabizbajo, evitaba mirarlo a los ojos.—Jefe… ella opuso resiste
Ler mais