Lucien abrió la puerta del despacho de Margaret, ni siquiera pidió permiso antes de entrar, llevaba a su bebé en brazos, y estaba un poco pálido, a veces cuidar a la pequeña le cobraba factura, pero él no se rendía de alguna manera debía demostrar de que estaba hecho.Al verlos, Margaret levantó la cabeza de su computador y se sorprendió. Se levantó de inmediato, y caminó hacia ellos.—¡No esperaba que vinieran hoy! —dijo, sus manos se extendieron hacia Celeste que también estiró sus bracitos al verla.Sin dudar, tomó a su hija en brazos, y mientras la abrazaba con cuidado, la besó en la frente. Sus labios rozaron la piel suave de la bebé, y la miró a los ojitos con ternura.—¿Cómo le fue en las vacunas? —preguntó ella, acomodando la pequeña contra su hombro mientras miraba a Lucien.—Muy bien. Fue juiciosa, muy valiente, lloró solo un poco, pero no puedo negarte que me partió el alma ver como esa aguja le atravesaba la pielecita, es tan duro que un bebé tenga que someterse a esto.Ma
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