La invitación a la celebración que Adrien tenía planeada llegó dos días después, impecable, elegante, imposible de ignorar.Margaret la encontró sobre la mesa del comedor, dentro de un sobre grueso, con el sello de Adrien grabado en relieve. No necesitó abrirla para saber de qué se trataba. Aun así, lo hizo. Leyó cada línea con atención, le parecía increíble que él estaba dando una fiesta solamente para ella, o más bien para festejarla.Lucien la observaba desde la puerta, con los brazos cruzados.—Sabía que iba a llegar —dijo él finalmente, con el rostro serio—. Y ya tomé una decisión.Margaret alzó la vista, desconfiada.—¿Ah, sí? —preguntó—. Porque yo ya tomé la mía.Lucien se acercó y tomó la invitación de sus manos.—Definitivamente voy a acompañarte, cariño. Sin importar que mi nombre no este en la lista, cosa que no me extraña, pero me parece descortés de Adrien que al saber que yo también confirmé mi presencia, no haya puesto mi nombre.El silencio cayó entre ellos como un
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