Lucien volvió al día siguiente, era sorprendente como llegaba con una gran sonrisa en su rostro, el día anterior había sido un completo desafío, pero no se imaginaba que ese iba a ser un tantito peor, sin embargo, no se rindió, se trataba de su hija y de Margaret, así que volvió otra vez.Y al siguiente día también.Llegaba temprano, con el café en mano, saludaba a las empleadas con una sonrisa educada y se dirigía directo hacia Celeste, que parecía reconocerlo incluso antes de abrir los ojos.—Buenos días, bombón —le decía siempre—. Papá está aquí.Aquella palabra, papá, todavía le sabía nueva en la boca, sin embargo, al escuchar la pequeña balbucearla, su corazón se encogía.Los primeros días se sintió encantado. Fascinado, incluso. Descubrió que había algo profundamente adictivo en verla sonreír, en sentir su pequeño cuerpo acomodarse contra su pecho, en cómo se calmaba apenas escuchaba su voz. Lucien, que había enfrentado amenazas reales, negociaciones imposibles y traiciones sil
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