Mientras las luces de neón de Las Vegas marcaban el inicio de un reinado implacable bajo el mando de Charly, quien empezaba a reconstruir su imperio con la frialdad de quien no tiene nada que perder, al otro lado del océano, el sol de Sicilia se hundía en el horizonte, tiñendo el Mediterráneo de un rojo carmesí que parecía un presagio de lo que estaba por venir.En la villa Lombardi, el ambiente era eléctrico. Alessandra se preparaba frente al espejo de su habitación, vistiéndose no solo para una cena, sino para una declaración de independencia. Eligió un vestido de seda negro, ceñido al cuerpo, con un escote profundo en la espalda que revelaba su piel perfecta y la elegancia innata de una Moretti. Se recogió el cabello en un moño bajo, dejando algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro de facciones aristocráticas. Mientras se aplicaba un labial rojo intenso, sus ojos azules reflejaban una mezcla de culpa y rebeldía.Al bajar las escaleras, se encontró con la figura imponente d
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