Aunque estaba listo y ansioso, Paolo se contuvo. Quería asegurarse de que ella lo disfrutara plenamente.Separó sus piernas y le sujetó las manos contra la pared, dejándola en una posición expuesta.Cristina, vencida por sus caricias, parecía haber perdido toda fuerza y se dejaba llevar. Los dedos de él se movían con destreza, preparándola, arrancándole suspiros y gemidos involuntarios.Finalmente, él entró de una sola vez, con fuerza.El impacto fue tal que ella gritó sin poder evitarlo.—¡Ah…!Su pecho se sacudió con el movimiento, y él lo sostuvo para controlar el temblor.Estimulada por todos lados, Cristina experimentó un placer intenso y desconocido. Su respiración se aceleró y su pecho subía y bajaba con violencia.El tiempo pareció desvanecerse hasta que ella, con las piernas temblando de agotamiento, suplicó:—Ya no puedo más… para…—¿Cansada? —preguntó él con voz grave.—Sí… para…Estaba exhausta. En esa posición, y con su poca resistencia física, llevaba las de perder. Cada
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