Dos meses habían pasado desde el nacimiento de Cassian, y aunque el tiempo parecía haber retomado su cauce, nada era realmente igual.El pequeño crecía con rapidez, fuerte, saludable, con un llanto firme y pulmones que parecían reclamar el mundo cada vez que algo no le complacía, Vecka los amaba, ya que para ella no había nada extraño en su hijo, solo la evidencia viva de que el amor, incluso en medio de la muerte, podía crear milagros.La mujer del alfa había cambiado. No solo por la maternidad, sino por la transformación. Había comenzado a entrenar con disciplina sus habilidades vampíricas, guiada por un convertido muy viejo que Kaiser había dejado a su disposición. La sed de sangre, que al inicio había sido una presencia constante y peligrosa, ya no la dominaba. Aprendió a escucharla, a reconocerla, a controlarla. No era sencillo, pero cada día que pasaba sin perderse en ella era una pequeña victoria.El rey alfa la observaba muchas veces desde la distancia, con una mezcla de
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