121. LAS PECERAS Y EL LABORATORIO
Él regresó su mirada al cristal, parecía absorto en sus pensamientos, mientras las luces zigzagueaban como impulsos eléctricos a gran velocidad. —Ema, esto no es solo una pared. Esto... esto es un sistema vivo. Es como un cerebro gigante —concluyó, su voz cargada de asombro. —¿Qué? ¿Un cerebro? —dije, retrocediendo un paso—. Eso no puede ser. Es una pared detrás del agua, Robin. —No, no, no, escucha —respondió, gesticulando con entusiasmo mientras su mente trabajaba a toda máquina—. No estoy seguro, Ema, pero creo que esto va más allá de lo que se ha inventado hasta ahora. ¿Ves cómo se mueven las luces? No están fluyendo al azar. Se están comunicando entre sí. Esos destellos rápidos, Ema, son señales, como las que corren por las neuronas en el cerebro humano. Estoy casi seguro de que esta casa… o mejor dicho, Iris, su inteligencia, opera a través de esto. Es un sistema biológico fusionado con tecnología. Es vivo, de alguna forma. —¿Vivo? —repetí, entre incrédula y aterrada, ac
Leer más