126. DIA DE DESCANSO

Hace una semana que las niñas se fueron con las abuelas Odilia y Esmeralda para Suiza. Nosotros desaparecimos, y para nuestro alivio, las noticias de los paparazzis poco a poco se desvanecieron. Ambos nos hemos metido de lleno en el cuarto del tesoro de mi casa imaginaria. Hemos descubierto la segunda caja fuerte, pero no puedo recordar nada que me dé un indicio de la contraseña. Así que nos dedicamos a revisar todas las investigaciones que hicieron mis padres mientras vivían. Es increíble la cantidad de secretos que encontramos.

—Robin, amor, estoy cansada —dije, haciendo un puchero—. ¿Podríamos hoy no hacer nada? Solo mirar películas y comer.

—¿Hacer el amor está incluido? —preguntó Robin con una sonrisa.

—¡Robin, acabamos de hacerlo ahora mismo! —traté de escaparme.

—Sí, amor, pero estamos hablando de todo un día de disfrute; para mí, ese es el mayor disfrute —dijo, agarrándome por la cintura.

Intenté escaparme de su abrazo, pero era inútil. Robin tiene esas manos grandes que siem
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