123. Y SEGUIMOS DESCUBRIENDO
Llevé las manos a mi boca, tratando de contener las emociones que se acumulaban en mi pecho otra vez. Era demasiado, demasiado real. Robin me miró de reojo y luego deslizó su mano sobre la mía, como para aterrizarme.
—Como lo oyes. Por eso, no tengo problemas en ese sentido. Esteban siempre los resuelve, no yo —contesta con normalidad.
—¿Pero si es gay? —digo sin saber por qué.
—Ema, ¿quieres que te enseñe a Esteban? —pregunta con una sonrisa—. Mira una foto de él con Ruli, en mi teléfono