121. LAS PECERAS Y EL LABORATORIO
Él regresó su mirada al cristal, parecía absorto en sus pensamientos, mientras las luces zigzagueaban como impulsos eléctricos a gran velocidad.
—Ema, esto no es solo una pared. Esto... esto es un sistema vivo. Es como un cerebro gigante —concluyó, su voz cargada de asombro.
—¿Qué? ¿Un cerebro? —dije, retrocediendo un paso—. Eso no puede ser. Es una pared detrás del agua, Robin.
—No, no, no, escucha —respondió, gesticulando con entusiasmo mientras su mente trabajaba a toda máquina—. No es