400. NO PUEDO DECIRTE
ALESSANDRO:El peso de la desesperación se hacía más intenso a cada segundo que no sabía en dónde estaba mi esposa. El tiempo se retorcía en torno a mi pecho. Tenía que actuar rápidamente, sin importar el coste. La mafia no perdona los errores, y menos aún si esos errores te alejan de lo que más amas. Apreté los dientes, mi mente dibujando escenarios oscuros y retorcidos donde la traición y la deslealtad acechaban en las sombras.—Ya la encontré, Alessandro, ella habló conmigo —la escuché decir para mi alegría—. Pero me hizo prometer que no te lo diría. Déjala que se le enfríe la cabeza, no sé qué le hiciste, pero necesita enfriarse. Hazme caso, te iré informando por dónde va y lo que hace. No la sigas ahora, dale espacio, lo necesita, está muy abrumada, abatida y furiosa. No te va a escuchar ahora, no lo va a hacer. Cuando ella empiece a extrañarte, irás a su encuentro.—Por favor, Luci, corre mucho peligro —ruego sin vergüenza—. ¿Dime al menos para dónde fue?Luci me miró, con la in
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