— En realidad me amas — Contestó él con una sonrisa confiada — Y así de intensa es nuestra pasión. Ahora ven y dame el beso —Sin darle opción, la atrajo y la colocó sobre él, en esa posición que tantas veces compartieron. Don Darío levantó el rostro, ansioso de sentir sus labios, mientras Korina bajaba la mirada. Su corazón latía con violencia, una mezcla de furia y nostalgia la desgarraba por dentro.— Mi amor, así de intensa es nuestra relación. Por eso no logras apartarme… nos amamos tanto que siempre terminamos queriendo esto —— Te odio — Escupió Korina, aunque su voz se quebraba.— Ja, ja, ja… eso no es verdad. Dame el beso, mi amor —Sus respiraciones se entrelazaban, el aire se volvió pesado, cargado de deseo y contradicción. Las miradas ardían, incapaces de romper ese instante.Él acercó lentamente sus labios a los de ella, apenas entreabiertos, queriendo probar su boca. Korina, débil en su propia lucha interna, reaccionó a ese contacto. Fue un beso lento, intenso, con un ci
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