La chica, temblando de pies a cabeza, dejó caer la bandeja al suelo, bajó la cabeza y subió corriendo delante de él. Sabía perfectamente lo que eso significaba. Todos lo sabían. Siempre era así. Siempre había sido así. Pero ahora tenía un peso distinto, mucho peor; al fin y al cabo, últimamente, acostarse con el alfa era una sentencia de muerte.Kael subió justo detrás, jadeando, y en cuanto entró en la habitación, cerró la puerta con llave. Sus ojos estaban salvajes, hambrientos… pero no de deseo, sino de furia, de desesperación, de la necesidad de aferrarse a cualquier cosa que le demostrara a sí mismo que aún era el alfa poderoso que siempre había creído ser.—Quítatelo —ordenó, señalando su ropa—. Ahora.La voz le falló.La omega, temblando, empezó a quitarse la blusa con manos inseguras, evitando mirarlo. Cuando se quedó solo en ropa interior, Kael se lanzó sobre ella, la sujetó de los brazos y la arrojó a la cama con brutalidad. Besaba su cuello, le chupaba los pechos, dejaba ma
Leer más