Los meses siguientes fueron una mezcla perfecta entre felicidad, nervios y nuevos sueños.La noticia del embarazo había cambiado por completo la dinámica de la familia Belmonte.Adrián, quien durante años había sido conocido por su carácter serio y distante en los negocios, ahora era el hombre que llegaba temprano a casa, revisaba libros sobre maternidad y preguntaba constantemente si Miranda necesitaba algo.Demasiado constantemente.—Adrián, estoy embarazada, no enferma —dijo Miranda una mañana mientras lo veía colocar tres almohadas detrás de su espalda.Él frunció el ceño.—Pero el médico dijo que debes descansar.—También dijo que debo caminar y mantener una vida normal.Él guardó silencio.Después tomó otra almohada.—Solo una más.Miranda soltó una carcajada.—No has cambiado nada.—¿Eso es bueno o malo?Ella sonrió.—Es bueno.Porque sigues siendo el hombre que se preocupa demasiado por mí.Adrián besó su frente.—Y siempre lo seré.En Belmonte Group, todos habían notado el ca
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