El rugido de las olas quedó opacado por la tensión que se apoderó de la playa.
Sara se detuvo a pocos pasos de Adrián y Miranda.
Su respiración era agitada.
Sus ojos estaban clavados en las manos de ambos, aún entrelazadas.
Miranda fue la primera en reaccionar.
Retiró la mano lentamente.
No porque sintiera vergüenza.
Sino porque no quería que Adrián se viera atrapado en una discusión.
Él bajó la mirada hacia su mano vacía.
Una extraña sensación de pérdida le atravesó el pecho.
Había sido un ges