La noche avanzaba lenta, pesada, como si el mundo se negara a seguir su curso normal.Ivana estaba despierta.Dante dormía a su lado, o eso parecía. Su respiración era profunda, pero uno de sus brazos la rodeaba con una firmeza inconsciente, como si incluso dormido temiera perderla. Ella permanecía quieta, escuchando ese ritmo que ahora conocía de memoria, intentando convencerse de que estaba a salvo.Había dicho la verdad.Ya no había secretos entre ellos.O casi.Se incorporó apenas cuando la náusea regresó, suave pero persistente. Esta vez no corrió. Respiró hondo, una mano sobre el vientre, la otra aferrada a la sábana.—Tranquilo… —susurró—. Todo está bien.Dante se movió de inmediato.—¿Otra vez? —preguntó, con la voz cargada de alerta.Ivana asintió.—No es grave. Ya pasó.Él se sentó, la observó con atención, con esa mirada que no dejaba pasar nada.—Desde que regresamos has estado así —dijo—. Pensé que era el encierro… el estrés.Ivana tragó saliva. Sabía que ya no podía segu
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