La madrugada los encontró abrazados.
Dante no durmió realmente. Permaneció en ese estado de vigilia tensa en el que el cuerpo descansa, pero la mente no baja la guardia. Ivana dormía de lado, recogida contra su pecho, su respiración suave marcando un ritmo que él seguía como si fuera un ancla.
La sostuvo toda la noche.
No por deseo.
Por miedo.
Cada vez que ella se movía, él apretaba el abrazo apenas un poco más, como si temiera que al soltarla desapareciera de nuevo.
Cuando el primer malestar l