Llegar a la mansión familiar, ese lugar que durante tantos años había sido su hogar, conmovió profundamente a Samantha. Al bajar del coche, elevó la mirada hacia el ventanal de la habitación que perteneció a su abuelo Sebastián. Aún conservaba en su memoria la imagen imborrable de su abuelo despidiéndola desde allí, años atrás, mientras ella partía rumbo al aeropuerto.Samantha, tocándose el pecho y dejando escapar un hondo suspiro, sintió una oleada de nostalgia. En ese instante, Martín la rodeó con un abrazo delicado por la espalda, intentando reconfortarla.—Has vuelto a tu casa, al fin… —le susurró Martín, depositando un suave beso en su mejilla.Con tristeza, ella respondió:—Este ya no es mi hogar, Martín. Dejó de serlo el día en que me fui para casarme con Javier. Cosa que nunca debí haber hecho. Ojalá pudiera volver el tiempo atrás y tomar las decisiones correctas. Una de ellas, sería no haber dejado a mi abuelo.Mientras hablaba, el cuerpo de la joven comenzó a temblar, abrum
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