Fuera de la casa de Damián, Martín y Samantha se encontraban inmersos en una despedida que ninguno de los dos parecía querer concretar. El abogado, incapaz de soltarla, la abrazaba con fuerza, como si temiera perderla en ese mismo instante.—¡No quiero despedirme ahora! —pronunció Martín, dejando traslucir su ansiedad—. Tengo miedo de que, si te dejo, desaparezcas.Samantha, lejos de contagiarse del nerviosismo de Martín, soltó una carcajada sincera. Su actitud era ligera y algo divertida ante la intensidad del momento.—Por favor, Martín, ¡no seas ridículo! —respondió ella, aun riendo—. Mañana nos vemos, lo prometo. Ahora tengo que entrar, me están esperando.Martín, incapaz de ocultar un leve dejo de celos, frunció el ceño y preguntó con cierto recelo:—¿Quién te está esperando? ¿Ese inglés que conocí hoy?Samantha abrió los ojos, sorprendida por la pregunta de Martín, y soltó un profundo suspiro.—¿Conociste a Alex? —inquirió, aún sin salir de su asombro—. No me habías dicho nada..
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