El fin de semana llegó sin avisos ni alarmas, como esos regalos silenciosos que solo se entienden cuando la vida ya enseñó a correr. La casa Thoberck estaba llena de una calma distinta, no la de los comienzos, sino la de quienes aprendieron a sobrevivir juntos.Emilia cerró la puerta con cuidado al entrar. Llevaba el abrigo colgado del brazo, la mente todavía marcada por la semana en la PDI, pero el cuerpo ansiando volver a casa. Lucas la esperaba en el living, sin traje, sin llamadas, sin pantallas encendidas. El CEO de TecnoInv había aprendido, con los años, que el verdadero poder también estaba en saber detenerse.—Llegaste —dijo él, acercándose para besarla con la familiaridad de los amores que no necesitan demostrarse.—Volví —corrigió Emilia, apoyando la frente en su pecho—. Que no es lo mismo.Desde la cocina llegó una risa. Ezequiel, ya con la seguridad que le había dado su primer año completo en la Escuela de Investigaciones de la PDI, discutía algo con Fiorela, quien regresa
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