CAPÍTULO 209 — Las sombras del pasado y la luz del presenteCamila estaba sentada en la alfombra, rodeada de bloques de colores y juguetes de tela, mientras Fabrizio, boca abajo, intentaba levantar la cabeza con un esfuerzo que hacía sonreír a sus padres. Valentino, vestido para ir a la oficina pero con la corbata aún deshecha, observaba la escena desde el sofá, con una taza de café en la mano.— Es increíble lo rápido que crece —comentó Valentino, dejando la taza sobre la mesa auxiliar—. Ayer parecía que no podía moverse y hoy ya quiere conquistar el mundo.Camila acarició la espalda de su hijo y luego miró a su esposo. Su expresión, habitualmente alegre, tenía un matiz de preocupación que no lograba ocultar del todo.— Sí, crece muy rápido. Y eso me hace pensar en… bueno, en todo lo que está pasando —dijo Camila, poniéndose de pie y alisándose los pantalones—. Hoy quiero ir al hospital a ver a Isabella y a su beba. Necesito verlas, Valentino. Saber que están bien de verdad y no solo
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