Iris No duermo. La noche avanza, pesada, silenciosa, casi irreal. Todo está en calma a mi alrededor, pero en mi cabeza, hay un caos. La habitación está sumida en una oscuridad suave, solo atravesada por la luz amarilla del farol que filtra a través de las cortinas. En un rincón, en una silla, el vestido negro reposa, solitario. Me espera. Como una promesa silenciosa. O una amenaza apenas velada. Lo miro de nuevo, hipnotizada, incapaz de apartar la mirada. Está allí, inmóvil, frío. Una tela que no solo viste mi cuerpo, sino que parece pesar sobre mi mente. Más que una prenda, se ha convertido en un símbolo, un desafío. Una clave hacia un territorio desconocido, peligroso, pero necesario. Me quedo allí, inmóvil, suspendida en este momento congelado, con mis pensamientos girando, chocando. La mente en ebullición, atrapada en una tormenta silenciosa. Mathias no me ha llamado. Él espera. Lo sé. Espera una respuesta, una decisión. Pero él, él, no está listo para escuchar la verd
Ler mais