IrisEl viento glacial del atardecer se infiltra solapadamente bajo mi abrigo, se insinúa entre las fibras de mi bufanda, mordiendo mi piel desnuda con una ferocidad casi cruel. Sin embargo, nada, ni siquiera este frío que me oprime los pulmones, me hace estremecer tanto como su presencia cercana, tangible, casi eléctrica. Rafael está ahí, inmóvil en la sombra movediza, silueta massive vestida de silencio, un rey taciturno en medio de una noche demasiado fría. Sus ojos, dos brasas ardientes, me absorben, me consumen incluso antes de que nuestros cuerpos se toquen.Con cada mirada que me lanza, es como si una descarga atravesara mi cuerpo entero, un escalofrío doloroso, casi cruel, desgarrando el velo frágil que separa mi razón de este deseo devorador. Mi aliento se acelera, inestable, precipitándose en la mordedura cortante del aire nocturno, mientras mi corazón tamborilea en mi pecho, latiendo a un ritmo desordenado que amenaza con escaparse, con perderse en la sombra de sus brazos.
Leer más