Iris
No duermo.
La noche avanza, pesada, silenciosa, casi irreal. Todo está en calma a mi alrededor, pero en mi cabeza, hay un caos. La habitación está sumida en una oscuridad suave, solo atravesada por la luz amarilla del farol que filtra a través de las cortinas. En un rincón, en una silla, el vestido negro reposa, solitario. Me espera. Como una promesa silenciosa. O una amenaza apenas velada.
Lo miro de nuevo, hipnotizada, incapaz de apartar la mirada. Está allí, inmóvil, frío. Una tel