Iris
Aprieto las manos sobre la mesa, mis dedos se entrelazan nerviosamente, buscando una estabilidad que se me escapa. La madera fría bajo mis palmas no me calma. Siento la mirada ardiente de Raphaël clavada en mí, intensa e implacable, como un tigre acechando en la sombra, listo para saltar sobre su presa.
Él es fuerza concentrada, seguridad felina, ese depredador elegante y calculador que parece dominar cada instante, cada silencio. Yo, soy lo opuesto: torpe, tímida, un frágil equilibrio sob