Matteo llamó a Andrés Vidal el lunes a las once de la mañana.Andrés Vidal era ilustrador. Llevaba doce años en el sector, con un estudio propio en el Poble Sec y una lista de clientes que incluía tres de las cinco marcas de lujo más importantes del mercado ibérico. Era, de los dos creativos que habían firmado con Créatif Patrimoine S.L., el que seguía activo. El que tenía algo que perder si la conversación salía del canal equivocado.Matteo lo llamó desde su móvil personal, no desde el fijo de la empresa.Ese detalle era el primero del protocolo que Isidora le había enviado la noche anterior. Tres páginas de notas precisas: qué decir, qué no decir, qué prometer y qué no prometer. El esquema de alguien que había pensado la conversación desde todos los ángulos posibles antes de que él la tuviera.Andrés Vidal respondió al cuarto tono.—¿Sí?—Señor Vidal, soy Matteo Franzani. El CEO de Franzani Corporation. —Una pausa—. Estoy llamando de forma personal, no en representación legal de la
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