El sábado por la mañana Isidora revisó las copias del sobre por segunda vez.
No porque hubiera algo que no hubiera leído el jueves. Lo había leído todo, dos veces, con la atención específica que da la urgencia de una presentación en cuarenta minutos. Pero ahora era sábado. Tenía tiempo. Y el tiempo cambia lo que se puede ver en un documento.
Extendió los papeles sobre la mesa del comedor.
El contrato original. Las doce páginas certificadas. La carta de su padre.
Fuera, Barcelona en sábado tenía