El restaurante estaba en via Solferino.
Sin nombre visible en la fachada. Solo el número de la calle, grabado en latón sobre piedra gris. El tipo de local que existe para personas que ya saben dónde van y que no necesitan cartel para encontrarlo.
El maître los recibió en la puerta con una inclinación mínima de cabeza.
—Señor Franzani. Señorita Almonte.
No añadió nada más. Les indicó la mesa con un gesto. Dos datos que Isidora registró en ese segundo: los llamó por sus nombres, no por sus cargos