El despacho de Matteo tenía la luz de las cinco de octubre.Esa tonalidad específica del otoño antes del ocaso, cuando la luz se vuelve horizontal y lo hace todo más cálido de lo que realmente es. Una mentira amable del sol antes de irse.Isidora entró con el portafolio bajo el brazo.Paula, la asistente, cerró la puerta al salir.Matteo estaba de pie junto a la mesa cuando ella entró. No sentado. De pie, con la chaqueta aún puesta aunque la corbata algo aflojada, el modo de quien ha tenido un día largo y ya está pasando al registro de final de jornada. Cuando la vio entrar, algo en su postura cambió apenas: una ligera contracción de los hombros, el gesto involuntario de alguien que lleva horas esperando algo que no sabe exactamente qué forma va a tener.—Siéntate.—Prefiero estar de pie.Una pausa de dos segundos.—De acuerdo.Isidora puso el portafolio sobre la mesa de reuniones al lado. No la mesa de trabajo de Matteo. La lateral. El espacio neutral.—Hay algo que necesitas saber —
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