La oficina de Carmen Rivas tenía las paredes de quien lleva veinte años acumulando casos que importan.No decoración. Estanterías hasta el techo con carpetas de colores que seguían un sistema que solo su dueña entendía completamente. Una mesa donde los documentos estaban ordenados por capas de urgencia, con la lógica interna de alguien que trabaja en varios frentes simultáneamente y que no puede permitirse perder tiempo buscando lo que necesita. El olor específico del papel de impresora mezclado con café frío, que era el olor invariable de los lugares donde alguien trabaja de verdad durante muchas horas seguidas.Llegaron a las nueve y veintiocho.Carmen ya tenía el café hecho. Lo había puesto en tres tazas antes de que llegaran, lo cual era una señal de que sabía exactamente cuántos venían y de que los esperaba con la misma puntualidad que ella misma practicaba.Sobre la mesa, un sobre.No era del sistema de Franzani. No era material de ningún registro corporativo. Era un sobre de pa
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