El amanecer en Manhattan no trajo paz. Nicolay sigue encerrado en su despacho con esa sensación de haber perdido su vida y eso solo sirve para que se vea más cansado. No pudo descansar en toda la noche. Todavía siente el calor del lanzallamas en las manos y el vacío que dejó Emily al marcharse, es como un hueco en el pecho que no lo deja respirar.Pero de repente, el silencio de la mansión se rompe. Un grito fuerte, lleno de vida, atraviesa las paredes. Es el llanto de un bebé. Nicolay se levanta del sillón, ha nacido Erik.En la sala estéril, todo es un revuelo de alegría. Iván, con la frente empapada de sudor y las manos temblando por la emoción, sostiene a un pequeñito envuelto en sábanas blancas. Anita está muerta del cansancio, pero con una sonrisa de victoria en la cara mientras estira los brazos para recibir a su hijo.—Es un varón —dice Iván con la voz cortada.Dimitri sonríe, aunque no se acerca, mantiene el tipo, pero Darko lo empuja un poco para que se dé cuenta que, él lo
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