La decisión ha llegado. Un murmuro, primero, traído por el guardia de rostro menos cerrado. Luego confirmado por el Maestro Kessler, con los ojos enrojecidos por el cansancio pero brillando con una victoria contenida. El acuerdo está aceptado. Bajo condiciones. Bajo vigilancia. Pero aceptado.Los trámites llevan días. Firmas, contrafirmas, protocolos de seguridad. Nos trasladan, a Sofía, a Marco y a mí, a un lugar mantenido en secreto, una casa segura del gobierno, perdida en el campo. No es la libertad, todavía no. Es un entremedio, una burbuja fuera del tiempo, bajo la custodia de agentes anónimos.La casa es pequeña, limpia, impersonal. Pero hay ventanas. Y detrás de esas ventanas, hay árboles, campos, un cielo inmenso.La primera noche, después de haber comido una comida insípida bajo la mirada impasible de los guardias, nos encontramos, Sofía y yo, en el pequeño sofá de la sala. Marco se ha ido a dormir, agotado por meses de tensión. Los agentes están apostados afuera.Estamos so
Leer más