Abrió la puerta con lentitud tras recibir el permiso para entrar y contuvo la respiración, vencida por la anticipación. La habitación estaba sumida en la oscuridad; aun así, el aroma del rey le reveló su posición, y un escalofrió le recorrió la espalda. Apenas cruzó el umbral, se detuvo y realizó una reverencia, con la mirada fija en el suelo, sin atreverse a levantarla.—Larga vida a su Majestad, el sol del reino —dijo en un tono suave, casi meloso, mientras su corazón latía con fuerza.Desde de que Kaira había llegado al palacio, ninguna otra había vuelto a tener el privilegio de yacer con el rey Alfa. Habían sido cinco años de desprecio y exclusión tácita, pero ahora ella sería la primera… y, si tenía suerte, la nueva favorita del rey.Kaelvar no respondió de inmediato. Estaba sentado en el sofá del fondo, sosteniendo un vaso entre los dedos. La luz que entraba por la ventana le iluminaba solo la mitad del cuerpo, volviendo su apariencia intimidante.—Acércate—ordenó, al fin, con u
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