Los árboles se mecían de forma lenta siguiendo el compás del viento. A veces, las ramas contiguas se cerraban tanto que impedían que la luz que reflejaba la luna se filtrara entre ellas. El sonido del bosque era tranquilo, ambientado de forma suave por el canto lejano de algunos grillos y el susurro del viento al rozar las hojas y troncos. Todo parecía moverse en calma, hasta que el graznido seco quebró la quietud y la hizo estremecerse.Como si el sonido hubiese sido una orden, el chirriar de los grillos se detuvo, mientras una pequeña figura oscura sobrevolaba muy cerca de las ramas, moviéndose con precisión entre la penumbra.Un encapuchado se deslizó silencioso desde lo alto de un árbol, y cuando el ave volvió a pasar, emitió un silbido sutil para indicarle su posición, antes hincar una rodilla sobre hierba húmeda, haciendo una genuflexión.Un instante después, un cuervo se dejó caer sobre una rama cercana. Permaneció quieto, con la cabeza ligeramente inclinada, observando a la
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