Elevó su mirada, que había estado posada en su mano, cuando la camioneta ingresó a los terrenos de la hermosa mansión. Al fin notó a los perros, que agitados salieron tras el vehículo, pero lo que la llevó a tragar saliva fue la alta e imponente figura de él, esperándola en esa área. Lucía tan apuesto como oscuro, delineado por la luz de un atardecer que, sin duda, en esa zona se apreciaba mejor. Su camisa negra ajustada con perfección, las manos en la espalda y su seria mirada puesta sobre el vehículo.Notó al asistente de su esposo sonreírle con debilidad cuando, al fin, se estacionaron ante él. La voz de Gaspar fue grave cuando bajó, ordenándole calma a los perros, pero la misma Melissa notó cómo Ares los llamó. Pronto, los canes yacían custodiando cada lado de su esposo, por lo que ella, temerosa, solo apretó el bolso en su regazo y, al ver la puerta abierta, terminó pasando saliva antes de bajar.Su mirada, aunque no quiso, se posó en la de Ares, quien la analizó con atención. Ha
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