Silvina siguió dócilmente al investigador hasta una enorme sala y se recostó sobre una cama blanca.Apenas lo hizo, vio cómo un gigantesco domo de cristal transparente descendía desde el techo y, con un suave zumbido, la cubría por completo.Ese tipo de examen… jamás lo había visto en su vida.En el instante en que el domo la envolvió, los datos de todos sus indicadores corporales comenzaron a aparecer en las pantallas con una velocidad impresionante.Una aguja fina pinchó su dedo desinfectado, extrayendo una pequeña muestra de sangre.El aparato situado al costado empezó a analizarla con precisión milimétrica.Pocos minutos después, los resultados completos del examen ya estaban listos: estatura, peso, circunferencia abdominal, ritmo cardíaco, presión arterial, tipo de sangre e incluso la composición detallada de cada elemento presente en su organismo.El investigador observó las cifras, luego miró nuevamente a Silvina, que seguía tumbada dentro del domo, y exclamó con asombro:—Dios
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