Indonesia era, por naturaleza, un país tropical, por lo que la temperatura en aquella pequeña isla se mantenía alta durante todo el año.
Por suerte, la carpa contaba con un sistema de ventilación; de lo contrario, habría sido imposible permanecer allí por mucho tiempo.
No era casualidad que el laboratorio estuviera construido bajo tierra: el calor en la superficie era insoportable.
Aunque había algo de vegetación, el sol ardiente hacía que cualquier lugar subterráneo resultara infinitamente más