Dariel estaba a punto de convertirse en el cuñado del presidente del Grupo Familiar Muñoz, y en ese momento decisivo no podía permitirse un error.
—¡Ya que has venido, mejor! Hoy dejemos todo claro de una vez. Hace un momento ya supliqué a mi cuñada y a mi cuñado, y mi cuñado aceptó: está dispuesto a darte un puesto con un salario generoso, siempre y cuando aceptes divorciarte. —La voz de Dariel sonó descarada—. ¿No es cierto que conmigo solo buscabas dinero? Pues bien, quédate con la casa, los