Capítulo treinta. El juego ha terminado.Los gritos ahogados de Liam eran lo primero que se escuchaba al entrar en la sala trasera de la propiedad, un espacio que hasta entonces siempre había sido seguro. Alexandra sintió que el alma se le quebraba en mil pedazos al encontrar la escena frente a ella: Thiago, su hermano… ese fantasma del pasado que todos creían muerto, sostenía al pequeño contra su pecho, una mano firme atrapándolo por el torso mientras el niño lloraba desconsolado, con la cara empapada.—Por favor… —Alex apenas podía respirar—. Thiago, suéltalo… Es solo un niño. Es tu propio sobrino. Míralo.El hombre le devolvió una sonrisa torcida, una que no tenía nada del hermano que ella recordaba.—¿Crees que me importa? —escupió—. Me lo arrebataste todo, Alex. La vida que merecía, la fortuna que debía ser mía... Ahora voy a recuperarlo. Todo.Alex dio un paso adelante, pero él presionó más a Liam, y el niño rompió a llorar más fuerte, asustado.—¡Mamáaaa! —sollozó, intentando a
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