Catalina Monit Stuart AbregoUna conmoción estalla al otro lado de la oficina. La voz de un hombre irrumpe con fuerza, exigiendo paso, dejando claro que nadie puede detenerlo.Un segundo después, la puerta se abre de golpe.—Señorita Stuart, disculpe… el caballero no quiso ser anunciado —dice Mari, visiblemente alterada.A su lado, un hombre alto se impone en el umbral. Piel ligeramente bronceada, complexión atlética, cerca del metro noventa de altura. Su traje, hecho a la medida, no logra suavizar la tensión que emana de él.Alzo la mirada con calma, sin apuro.—Está bien, Mari. Puedes retirarte.Ella asiente de inmediato y desaparece casi corriendo, cerrando la puerta tras de sí.El silencio que queda es denso por unos minutos hasta que decido es suficiente.—Te esperaba —digo con tranquilidad, sosteniendo su mirada.—¿Dónde está mi hermana? —exige sin rodeos.No responde a mi serenidad. No le interesa. Me reclino ligeramente en la silla, cruzando una pierna sobre la otra.—Siéntate
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