Catalina Monit Stuart Abrego
Una conmoción estalla al otro lado de la oficina. La voz de un hombre irrumpe con fuerza, exigiendo paso, dejando claro que nadie puede detenerlo.
Un segundo después, la puerta se abre de golpe.
—Señorita Stuart, disculpe… el caballero no quiso ser anunciado —dice Mari, visiblemente alterada.
A su lado, un hombre alto se impone en el umbral. Piel ligeramente bronceada, complexión atlética, cerca del metro noventa de altura. Su traje, hecho a la medida, no logra suav