El sol se alzó sobre el Mediterráneo, tiñendo el cielo con tonos de oro, coral y rosa. No era un sol picoso o agresivo. Era un amanecer cálido y lleno de nuevas oportunidades. Para Sofía, que se despertó completamente tranquila, en la suite principal de Alejandro, con el recuerdo de que, finalmente, la locura de la pesadilla de anoche, había sido sustituida por la noche de pasión con su hombre. El dolor físico con el que se despertó, era un dulce recordatorio de la firmeza del amor de Alejandro. Ella entendió que él no la dejaría y que las pesadillas, eran solo eso, malos sueños.Se deslizó fuera de la cama antes de que Alejandro despertara, y dejo un beso suave en su hombro. Salió al balcón y respiró profundamente el aire salino. Hoy, por fin, era su día.A las nueve de la mañana, la mansión se ahogaba con el ruido y con la actividad que coordinaba la señora Duarte, del personal de élite. La madre de Sofía y Sarah entraron a su habitación un rato después, de que ella se diera una d
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