—¿Es este? —le preguntó Raina mientras le entregaba el anillo.Celia lo tomó entre sus manos y el brillo en sus ojos fue respuesta más que suficiente. Raina suspiró aliviada y dijo con una sonrisa: —Vaya que es tu tesoro. Ándale, póntelo.Pero apenas terminó de hablar, se arrepintió. La Celia de hoy no era la misma de hace siete años.Estaba muy delgada, sus músculos se habían atrofiado y sus dedos eran puro hueso. No había forma de que el anillo le quedara.—Perdóname, Celia... —Raina intentó explicar, pero Celia simplemente cerró el puño con el anillo adentro y sacudió la cabeza, dándole a entender que no le importaba.Raina sonrió con ternura. —Bueno, lo importante es que ya apareció. En unos días, cuando recuperes un poco de peso, te va a quedar perfecto. Ah, por cierto, también encontré esto.Raina sacó la liga y se la puso a Celia en la mano. —Estaba junto al anillo. También es tuya, ¿verdad?Celia se quedó viendo la liga con una cara de no entender nada, pero Raina no se dio
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