Noah se fue de la habitación sin mirar atrás. Cassian lo siguió, con la cabeza agachada y un malestar en el pecho.El silencio que dejó fue peor que cualquier grito.Leah se quedó de pie, con la bebé llorando en sus brazos. Las lágrimas no dejaban de caer. El pecho le ardía. La garganta se le cerró hasta sofocarla.Violador.La palabra le quemaba la lengua.La misma basura.¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Cómo había permitido que otro alfa decidiera por ella? Lucian la golpeaba, la encerraba, la usaba. Y ahora Noah… Noah la retenía con palabras más “suaves”, pero con el mismo resultado.Una jaula seguía siendo una jaula, sin importar qué tan bonita fuera.La bebé sollozó contra su pecho.Leah parpadeó. Bajó la mirada hacia esos ojos verdes, tan parecidos a los de él, y algo se quebró dentro de ella.No.No podía seguir así.No podía permitir que su hija creciera como ella: atrapada, vulnerable, a merced de alfas que decidían su destino sin consultarle.Se limpió las lágrimas con brusq
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